Las pasturas de rotación corta, mezclas de gramíneas (poáceas) y leguminosas (fabáceas), son utilizadas en forma frecuente cuando hay limitantes para el crecimiento de algunas especies perennes, como la alfalfa, por suelos con alta capacidad de retención de agua o napa cercana a la superficie o pH bajo o con cierta deficiencia de fósforo, asociado a la decisión del productor de no realizar elevadas fertilizaciones con este nutriente.
Esta estrategia es más común en los sistemas lecheros, ya que con ellas se prioriza la calidad del pasto por sobre los costos, que se suelen aumentar en alrededor de un cincuenta por ciento, dependiendo del valor de los insumos, que varían año a año. Esto es así, dado que son recursos forrajeros que duran dos o en ciertos ambientes tres años, es decir menos que una pastura base alfalfa, que debería durar cuatro o cinco años y por lo tanto en esta última se diluyen los costos de implantación, que son los más importantes.
Las especies más usadas dentro de las gramíneas son: cebadilla criolla y raigrás bianual, las dos de comportamiento anual-bianual con resiembra, aunque también suelen estar integradas por raigrás perenne o pasto ovillo de ciclos de vida más largo. Dentro de las fabáceas el más común es el trébol rojo, aunque puede incluirse trébol blanco y/o lotus corniculado, en los tres casos perennes de corta vida, con capacidad de resiembra. En los primeros años las mezclas que contienen trébol rojo, como leguminosa de verano, suelen incrementar la producción de carne a través de una mayor carga animal e igual ganancia diaria de peso vivo que la obtenida con lotus corniculado. El trébol blanco complementa a las otras dos, en distintas estaciones climáticas.
Las diferencias más marcadas en el crecimiento anual de forraje están más relacionadas al ambiente, suelo y clima, que a las poáceas acompañantes o a los cultivares (cv) de t. rojo. Este último se convierte en el componente principal en el primer año, excepto en condiciones muy favorables para el crecimiento de las gramíneas, como es el caso de ciertos suelos con alto contenido de materia orgánica del sudeste de la provincia de Buenos Aires, y a partir del segundo año prevalecen estas últimas, si están adaptadas al ambiente donde se implantaron.
Los cv de trébol rojo más precoces a floración se muestran como más productivos en el período inicial, pero disminuyen su producción a partir del segundo año, es decir son menos persistentes y sólo quedan algunas plantas en el tercer año sin hacer aportes de relevancia a la acumulación de forraje, más allá del segundo ciclo, salvo que se le haya permitido semillar y logrado la resiembra, pero esto último también es muy dependiente del ambiente. El cv tetraploide, de floración tardía, muestra mayor persistencia que los restantes evaluados.
El cv de t. rojo no parece afectar la producción de la poácea, mientras que la acumulación de forraje de la leguminosa es afectada por la especie de gramínea y el cv de la fabácea. En el primer caso, la cebadilla criolla respecto a raigrás perenne, con plantas de hábito más erecto deja más espacio para la leguminosa y en cambio forrajeras de establecimiento rápido como raigrás anual reducen la proporción de t. rojo en la consociación.
Las pasturas de rotación corta no son adecuados antecesores para la siembra de alfalfa y festuca alta, por lo que se debe intercalar algún cultivo agrícola, entre los dos tipos de recursos forrajeros. La alfalfa y la festuca alta tienen deficiente implantación y acumulación de pasto luego de una pastura de corta duración integrada por raigrás bianual, cebadilla criolla y trébol rojo.
Fuentes:
• Mezclas forrajeras para pasturas templadas de corta duración.
– Por Agrositio
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